sábado, 25 de febrero de 2012

¿Heimweh o Fernweh?

Nadie dijo que el alemán fuera fácil, pero es que en ocasiones en vez de un idioma parece un rompecabezas.  A ver dónde colocamos este verbo… ¡Bingo! Estamos ante una subordinada y está conjugado, así que al final de la oración. Pero no se trata solo de sintaxis, el vocabulario también nos puede situar en una encrucijada, perdidos en un laberinto de matices semánticos.

Si quiero hablar de nostalgia que siento por un lugar en castellano, lo tengo fácil: cuando estaba en Berlín añoraba Barcelona y ahora que estoy en Barcelona añoro Berlín. En alemán, sin embargo, existen dos términos para expresar este sentimiento: Heimweh (casa + dolor, echar de menos tu tierra natal o el lugar donde has vivido) y Fernweh (distancia + dolor, echar de menos un lugar a donde viajaste o simplemente sentir la necesidad de viajar).  Es evidente que cuando llegué a Berlín, sentía Heimweh, ya que añoraba mi ciudad, a mi familia, a mis amigos. ¿Pero qué es lo que siento ahora respecto a Berlín? ¿Heimweh o Fernweh?

Vaya, una simple duda léxica me ha llevado a plantearme una cuestión metalingüística. ¿Echo de menos Berlín porque es ahí donde está mi casa ahora o tan solo quiero regresar a esta ciudad temporalmente, donde aún hay tanto que abarcar, para seguir descubriéndola como parte de un largo viaje, una travesía que llegará a su fin en tan solo unos meses? La pregunta me recuerda que algún día deberé tomar una decisión, pero no quiero alarmarme ni precipitarme. La intuición me dicta que debo quedarme ahí. No soy la primera que ha puesto sus esperanzas y sus expectativas en Berlín, ni la primera que está expectante ante unos sueños recién forjados. Aunque los míos todavía están en proceso de fabricación y hasta que tomen forma de proyectos, sólidos y concretos, sé que me balancearé entre el romanticismo y la confusión, el idealismo y la utopía.

Si decido que siento Heimweh, haré lo posible por construir un hogar ahí y tomar las riendas de mi futuro. Si es Fernweh, continuaré mi viaje y beberé de las aguas del carpe diem, hasta apurar tantas copas como me ofrezca esta gran aventura. Lo que sé a ciencia cierta es que deseo regresar; tomar el Ring hasta Frankfurter Allee, llegar a mi casa, empaparme de nuevo del ambiente berlinés tras este largo (o corto) paréntesis. El tiempo pondrá los puntos sobre las ies, conjugará en imperativo cuando haga falta y, en alemán, elegirá el término adecuado.

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