sábado, 25 de febrero de 2012

Intenso y profundo

Un chico que sabía decir “que te folle un pez espada” en ruso; un piso donde se reunieron jóvenes de cinco nacionalidades diferentes y donde se hablaba de todo menos alemán; una Nochebuena que tuvo muy poco que ver con el Belén, la tradicional cena familiar o los villancicos; besos con lengua entre amigos y con una desconocida; una cama donde dormían tres amigos que se despertaban entre risas cuando el sol ya se había puesto; una taberna donde los viejos bailaban con nosotras y nos invitaban a cerveza y a tequila; un amor fugaz en forma de una chica o un demonio, que durmió en mi casa pero no conmigo; una fiesta de Fin de Año flotante y surrealista, que terminó a mediodía porque el cuerpo ya no aguantaba más. Visitas, risas, excesos, resacas, techno, conversaciones sobre sexo y drogas; nuevas amistades, nuevos lugares, nuevos clubs. Treptower Park, Sachsenhausen, Checkpoint Charlie. Sisyphos, Mikz, GMF. Viajes a otra dimensión, paseos por Berlín.

Navidades random y una bienvenida al 2012 desbocada, atípica, sin límites ni inhibiciones. Un mes de diciembre derrochador, frenético y repleto de historias que hoy recuerdo con una sonrisa pícara o con un leve estremecimiento: “Dios mío, qué locura. No sé dónde tenía la cabeza”. Y un principio de año que trajo una despedida, una mudanza, una renovación. Algunas cosas han cambiado, pero otras seguirán su curso irremediablemente (tal vez soy yo, que no quiero evitar su curso), corrientes que me seguirán arrastrando y yo me dejaré llevar, cerraré los ojos y escucharé las olas, mecida en su cuna, y me sumergiré en sus aguas y bucearé en ellas hasta… ¿Hasta tocar el fondo? Sí, tal vez hasta tocar el fondo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario